NARRADOR Los gritos de sufrimiento se escuchaban a lo lejos. Los latigazos del capataz de la Hacienda del Hospital arropaban la noche en un manto de castigos y lamentos arrancados del mismo averno.  Cihuatl paseaba por las arboledas, jamás había escuchado sonidos tan abrumadores. Los desgarradores ruidos despertaron la curiosidad de Cihuatl, quien los fue siguiendo a lo largo del lugar. 
CAPATAZ ¡Trabajen, apestosos indios! Debe quedar toda la caña lista en dos días. 
CIHUATL IUKAYOTL (PREOCUPADA)Señor, ¿por qué trata así a estas personas? Sus gritos se escuchan hasta las arboledas.
CAPATAZ (INDIFERENTE) Soy el Capataz de esta hacienda y mi labor es hacer que los indios no se pasen de indios. Están aquí para trabajar y no más.
CIHUATL IUKAYOTL (PREOCUPADA) Muchos están pálidos; están a nada de desfallecer. ¿Qué no tiene compasión?
CAPATAZ (PREPOTENTE) No se puede tener corazón con los esclavos. Si uno se pone blandengue, andan de cimarrones. Que no la engañen, señorita; si aquí hay dos indios bravos que ya se han intentado escapar. Muerden y rasguñan a quien se les acerca; son unos animales, si hasta les tuvimos que poner bozal. Uno es Mario, y el otro, Lucas; los dos son un par de orates; deberían estar en el Hospital de Oaxtepec.
NARRADOR  Mientras el capataz seguía despotricando sobre los dos hombres en cuestión, Cihuatl aprovechó para que una gran ventisca agitara fuertemente unas ramas de amates al grado de que éstas se quebraran. El capataz, asustado, buscaba refugio. Jamás se percató que sobre él una frondosa rama del regional árbol estaba por caerle encima. 
NARRADOR La rama noqueó al cruel capataz, dejándolo inconsciente. Cihuatl jamás le quitaría la vida a un ser vivo sin importar lo vil que éste pudiera llegar a ser. La mitológica curandera se acercó a Mario y a Lucas. Los dos hombres se notaban extrañados por la ayuda de la desconocida. Cihuatl sujeto las cadenas con las que estaban aprisionados y haciendo uso de sus divinos poderes, oxidó las cadenas hasta que se hicieron polvo. Marios y Lucas estaban asombrados.       
MARIO (EMOCIONADO) Somos libres, Lucas; vámonos de aquí antes de que el negro despierte.
LUCAS  (SORPRENDIDO) ¡Cómo hizo eso, señorita!
CIHUATL IUKAYOTL No importa cómo. Jamás he sido partidaria de este tipo de acciones; no es natural.   
NARRADOR Mario estaba inquieto, deseaba salir volando cuanto antes de ahí; sus ropas de manta  estaban desgastadas de todas partes y resaltaba una pútrida tonalidad amarillenta en algunas partes. Su cabello largo y rizado estaba despeinado. Tenía marcas en las muñecas por los grilletes y cadenas; sus pies, descalzos y sucios; sus uñas, largas y ennegrecidas.  Lucas cojeaba del pie izquierdo ya que su pie derecho estaba hinchado por las llagas y laceraciones que tenía. Pronto tendrían que amputárselo para evitar que la pestilente gangrena se propagara. Era calvo y destacaba una ramificada cicatriz en su nuca. Los pocos dientes que le quedaban eran de color amarillo; sus ojos siempre estaban bien abiertos, rara vez parpadeaba. Su aspecto eran cadavérico. 
LUCAS (NERVIOSO)¿Quién es usted? ¡Dígamel!
CIHUATL IUKAYOTL (SERENANDO) Soy Cihuatl Iukayotl, y vengo a liberarlos. 
MARIO (EXALTADO) Ya hizo suficiente quitándonos las cadenas y sonándose al capataz.
LUCAS Deja de decir sandeces, Mario. Si escapamos, el patrón y el capataz nos van a perseguir hasta la mismita ciudad. No podemos huir. 
MARIO ¡Quieres que nos vuelvan a poner el bozal!… Primero muerto.
CIHUATL IUKAYOTL (CURIOSA) Puedo sentir en ambos una fuerza animal muy fuerte, una fuerza que quiere ser ser libre. 
LUCAS ¡Quién no! Los gachupines nos tratan peor que animales.   
NARRADOR Cihuatl se acercó a Mario y le tocó el hombro plácidamente.
MARIO (ESPANTADO) ¡No me toque!
LUCAS (MUSITANDO PARA SÍ) Su voz me es familiar, y sé que no es de por aquí ¿de dónde viene, mujer? 
CIHUATL IUKAYOTL De las arboledas, de los ojos de agua, de las montañas; de todas partes. 
LUCAS Usted resplandece; nadie por aquí resplandece…Los que resplandecen son buenos, pero no puede ayudarnos… Somos esclavos.
NARRADOR Lucas podía ver el alma de los espíritus, sabía quiénes eran bondadosos y quienes perversos. Desde chico tenía esa habilidad extrasensorial.  
CIHUATL IUKAYOTL Así es, Lucas; soy la madre naturaleza y puedo ayudarles. Así como tú, también veo el espíritu de los seres vivos y veo que el suyo está maniatado más allá de las cadenas, su espíritu está encerrado en la carne humana.
MARIO (MUSITANDO PARA SÍ) Si estamos presos en nuestros cuerpos, ¿cómo nos vas a liberar?
CÍHUATL IUKAYOTL Su alma pertenece a la naturaleza. Dime Lucas, ¿qué es lo que te imaginas al pensar en el bosque, en la vida fuera de este encierro?
LUCAS (MUSITANDO PARA SÍ) Veo en usted luz, pero no le puedo contar todo lo que pienso… Va a decir que no estoy bien de la cabeza.  
CÍHUATL IUKAYOTL (CARIÑOSA) Ánde, será nuestro secreto. 
LUCAS (EMOCIONADO) Al pensar en las arboledas, aullo y mi olfato busca comida. Ando sigilosos y alerta por el prado. 
NARRADOR Cihuatl tomó de las manos a Lucas y le pidió que cerrara sus ojos al igual que ella. Cuando lo hicieron, algo inusual de pronto salió de la boca esquelética de Lucas. 
CIHUATL IUKAYOTL Escucho el espíritu del huehuecóyotl, un coyote. Es un animal ágil, de gran vista e increíble olfato. 
LUCAS (SORPRENDIDO) Todas las noches escucho el aullido, todas las noches quiero salir a explorar las arboledas. 
MARIO (DESESPERADO)¡Lucas, Lucas! ¿Qué te pasa?  ¿Cómo es que ella supo todo eso? Sólo a mí me has contado esas locuras del coyote. 
CIHUATL IUKAYOTL Veo sus almas, Mario. ¿Quieres que revelemos el animal que te domina? 
MARIO Yo soy un tzinaca, un murciélago. Surco los aires bajo el velo de la noche. Nada me detiene, ni siquiera las cadenas.      
CÍHUATL IUKAYOTL Anhelas tanto la libertad y te han arrebatado la posibilidad de volar. Hay crueldad en el corazón de la humanidad, sin duda.   
MARIO (ALTERADO) ¡Quiero salir! ¡Quiero volar!
CIHUATL IUKAYOTL Yo puedo hacer que vivan como el espíritu de la naturaleza que los rige. 
LUCAS (MUSITANDO PARA SÍ) ¿Cómo podría hacerlo, Cihuatl?
MARIO (RÍE) Por más fantástico que suene, estamos aquí, en la Hacienda del Hospital, esclavizados sólo por ser indios. 
CIHUATL IUKAYOTL (TRANQUILA) No existe locura más grande que negar la obvia esencia del ser. El árbol, es árbol; el fuego, fuego. Su espíritu interior ya no puede seguir así. 
NARRADOR Cihuatl tomó de las manos a Lucas y Mario. Susurró una canto en náhuatl y todo quedó en silencio. De pronto, un enceguecedor resplandor se formó alrededor de ellos. Poco a poco el cántico fue subiendo de volumen hasta que todo el lugar resonaba con la voz de la curandera.    Al apagarse el fulgor, Cihuatl seguía de pie, pero el cuerpo de Mario y Lucas había desaparecido. En su lugar, aparecieron dos animales: un murciélago y un coyote. El primero revoloteaba cerca de la figura de la curandera; el segundo se acercó cual mascota amansada y se frotaba tiernamente sobre ella. 
CIHUATL IUKAYOTL La madre naturaleza quiere que vivan como el espíritu y el ser que los rigió desde el comienzo. Vayan a su hábitat y gocen lo que en sus mentes eran sólo sueños y fantasías. Cuiden a la madre naturaleza… ¡Protéjanla!   
CAPATAZ (RECOBRANDO EL CONOCIMIENTO) ¿Qué ocurrió? ¿Quién es usted? ¿Y los esclavos? ¿Dónde están los indios? ¿Acaso los liberó? 
CIHUATL IUKAYOTL Ahora son espíritus libres, como debía serlo desde un principio.
CAPATAZ ¿Está en serios problemas, mujer?
NARRADOR Mientras el capataz se lanzaba a la caza de los dos esclavos, Mario y Lucas se adentraron a las arboledas cuautlenses en su forma animal. Por primera vez en su vida descubrieron lo que era la libertad, lo que era la felicidad. Gracias a Cihuatl, despertaron a su verdadero instinto, a su verdadero espíritu de la naturaleza.

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