NARRADOR Una tarde soleada en 1881, Cihuatl se encontraba caminando por las hermosas calles de Cuautla. Observó que gran parte de las personas del pueblo se encontraban fuera de sus casas. Cihuatl, intrigada por lo que estaba sucediendo en el pueblo, decidió seguir a un grupo de personas que iban con dirección a la estación de Cuautlixco.
PREGONERO (CON VOZ FUERTE) ¡Damas y caballeros: sean testigos del primer viaje en tren con pasajeros. ¡Así es: con pasajeros! ¡Sólo aquí en la estación de Cuautlixco! ¡El gran viaje a la Capital, a la Ciudad de los Palacios!
CIHUATL IUKAYOTL (CONFUNDIDA) ¿Un tren? ¿Qué será eso? ¿Será algo que atraviesa por las arboladas? Jamás creí que algo así sucedería.
NARRADOR Cihuatl se fue acercando lentamente hacia la estructura metálica. Dirigió su mirada a la imponente máquina de vapor y se detuvo a observar las inmensas ruedas de acero, los vagones, las calderas y la gigantesca chimenea humeante.
PREGONERO Imponente, ¿no lo cree, señorita? 
CIHUATL IUKAYOTL (SORPRENDIDA) Increíble; jamás había visto algo parecido en mi vida. Es un ciempiés de acero. 
PREGONERO Jamás había escuchado que lo llamaran así, señorita. Es una pieza de maquinaria increíble. El tren partirá en 30 minutos, si le interesa puede ir a la taquilla por un boleto, de lo contrario: le pido que se retire, por favor; no puede estar tan cerca de la locomotora.
NARRADOR Tras la llamada de atención del guardafrenos, Cihuatl se retiró lentamente sin apartar la vista de la máquina referente del progreso, seguía asombrada con el monumental invento industrial. La curandera dirigió su camino hacia los campos de caña para llegar a las arboledas cuautlenses. 
NARRADOR Al pasar por el Camino Real, uno de los caminos que transportaba infinidad de mercancías por toda la región, Cihuatl se encontró con una familia que tenía problemas con su carreta y la recua de mulas que tiraba de ella.   carreta.
CIHUATL IUKAYOTL ¿Sus mulas ya no quieren tirar, señor?
NICANOR (ENOJADO) ¡Demonios! No, señorita; la rueda de mi carreta está descompuesta. (ANGUSTIADO) Supongo que no aguantó todos los morrales de la familia.
CIHUATL IUKAYOTL ¿Van en dirección hacia el ciempiés de acero?
NICANOR ¿Ciempiés? Se refiere a la locomotora.
CIHUATL IUKAYOTL Tren, locomotora; como le llamen.  
ESTRELLA Así es, señorita; llevamos prisa. ¡El tren va a partir en una hora!
CIHUATL IUKAYOTL (DUDOSA) ¿Una hora? Uno de los encargados de la locomotora me dijo que partiría en media hora, por lo que faltarán unos quince minutos para que el tren se marche.
ESTRELLA ¡¿Ya oíste viejo?!  ¡Te dije que no salía en una hora, pescuezo éste…! Gracias, señorita ¿Nos puede decir su nombre?
CIHUATL IUKAYOTL CIhuatl Iukayotl, pero pueden llamarme Cihuatl; normalmente a las personas les cuesta trabajo pronunciar mi nombre.
ESTRELLA Mucho gusto, Cihua; mi nombre es Estrella. El pescuezo de mi marido se llama Nicanor. Ellos son Jesús y María, nuestros hijos.  
CIHUATL IUKAYOTL (ALEGRE) ¡Mucho gusto!
NICANOR Oiga, señorita, ¿usted conoce algún carpintero que pueda arreglar esto? (PREOCUPADO) Mañana es 11 de diciembre e inauguraremos una de las primeras plantas generadoras de luz en la Ciudad de México: ¡tenemos que estar presentes! 
ESTRELLA (APENADA) Ya ni la amuelas, viejo; ¡cómo le pides eso a la señorita! 
CIHUATL IUKAYOTL No se preocupen, yo puedo ayudarles. Sé que la puntualidad, como en las estaciones del año, es importante para el ciclo de vida. 
NICANOR ¡Muchísimas gracias, Cihuatl!
CIHUATL IUKAYOTL Veamos cuál es el problema…
NICANOR No pus´ resulta que con las prisas que llevamos, intenté esquivar aquella piedrota. No alcancé a dar bien la vuelta y chocamos contra ella, y mire na´más cómo quedó. 
CIHUATL IUKAYOTL No se angustien: Todo tiene solución. 
NICANOR Es que es imposible, ni el mejor carpintero del pueblo la puede arreglar. ¡Lo que necesitamos es un milagro!
NARRADOR Cihuatl se postró sobre el suelo y observó con detenimiento la rueda de madera. La tocó frotándola de los costados. Las partes que estaban despedazadas comenzaron a levitar hasta acomodarse y acoplarse a cada una de las grietas que tenía la rueda. Un extraño crujido resonó fuertemente en la carreta. 
NICANOR (ASOMBRADO) Santo Niño de Atocha. ¿Es usted una bruja?
CIHUATL IUKAYOTL Soy la madre naturaleza, Nicanor. Soy la responsable de que plantas y árboles reverdezcan y la causante de la proliferación de las especies y los seres vivos.  
NICANOR (PERSIGNÁNDOSE) ¡Lo que uste´ diga, Cihua!
CIHUATL IUKAYOTL ¡Súbanse! No hay tiempo.  
NARRADOR Cihuatl tomó las riendas de la carreta y le susurró a las mulas que aceleraran el trote. Los fuertes animales se lanzaron cual estampida esquivando pequeños hoyos, charcos, rocas, pilas de estiércol, marchantes y diligencias.  peatones Nicanor y Estrella sostenían fuertemente a sus dos hijos mientras el viento, como su preocupación. estremecía vigorosamente todo su cuerpo.
NARRADOR Cihuatl y su no tan vistoso carruaje arribó a la estación de Cuautlixco. Bajó de la carreta de un salto, extendió su brazo y lo agitó de un lado hacia otro sin cesar. 
CIHUATL IUKAYOTL ¡Vamos, bajen!
ESTRELLA Apúrate, viejo. Toma a María, yo me llevo a Jesús. 
CIHUATL IUKAYOTL ¡Corran! El ciempiés de acero está por partir.
NICANOR ¡Mi morral se atascó en la carreta! ¡Demonios! Corre, mujer, ya los alcanzo; llévate a los hijos. 
NARRADOR Cihuatl miró a la carreta y con un movimiento discreto apuntó con su mano derecha y la cerró en forma de puño. Una fuerte aire salió de ella y logró liberar el bolso de Nicanor. Es una de las pequeñas ventajas que conlleva ser la madre naturaleza.
NICANOR ¡Pero qué rayos!
CIHUATL IUKAYOTL Corre, Nicanor; alcanza a tu familia. ¡Yo detendré al ciempiés! 
NICANOR Muchas gracias, Cihuatl ¿Cómo puedo agradecerle?
CIHUATL IUKAYOTL No tienes porqué. ¡Anda!
  NARRADOR Cihuatl corrió rápidamente hacia el tren en dirección a la cabina del conductor. Mientras se acercaba al tren, su cuerpo comenzó a transformarse. La ropa comenzó a cambiar de forma. Su vestido se volvió largo y rojizo. Las sandalias que traía como calzado se convirtieron en unos elegantes zapatos de cuero color marrón. Su rostro cambió al de una mujer de edad mayor con fastuosos aretes como collares que adornaban su rostro. Cuando subió los escalones de la marquesina, su cuerpo ya era el de una apoderada hacendada, una mujer que todos conocían y respetaban en Cuautla.
CONDUCTOR ¡Doña Leonor! (CONFUNDIDO) ¿Qué hace usted aquí?
CIHUATL IUKAYOTL Buenas tardes. Escuché a unos de sus empleados mencionar que había problemas en uno de los vagones de atrás. ¿No le parece que deberían revisar?
CONDUCTOR ¿El vagón trasero? Doña Leonor, este tren lo revisan día y noche. Descuide, no habrá ningún problema.
CIHUATL IUKAYOTL No me complace su respuesta, señor. ¿Acaso quiere que en este primer viaje suceda un horrible accidente? 
CONDUCTOR Disculpe, Doña Leonor. Iré a revisarlo ahora mismo, con su permiso.
NARRADOR Al apagar las calderas, el ciempiés de acero demoró su salida. El conductor salió por unos momentos a revisar el vagón trasero. Cuando regresó, abrió la puerta de la cabina y se percató que ya no estaba Doña Leonor, la famosa hacendada de Cuautla.
    CONDUCTOR Gracias por avisarme, Doña Leonor. (CONFUNDIDO) ¿Doña?(EXTRAÑADO) Disculpe, jovencita, ¿usted no vio a una mujer de vestido rojo?
NARRADOR Cihuatl había regresado nuevamente a su habitual y natural encarnación. Miró al conductor de la locomotora y le dibujó una muy cálida sonrisa.
CIHUATL IUKAYOTL ¿Una mujer? ¿Vieja? ¿De vestido rojo? 
CONDUCTOR Sí, Doña Leonor. 
CIHUATL IUKAYOTL No, señor, nadie ha pasado por aquí.
CONDUCTOR (TEMEROSO) Madre Santa; con permiso. Seguro ya me fue a reportar con el Jefe de Tren. 
NARRADOR Mientras el conductor buscaba a la fantasmagórica Doña Leonor, Nicanor y su familia abordaron el tren. Acomodaron su equipaje y se sentaron con vista a la taquilla. Observaron a Cihuatl a lo lejos despidiéndose. Nicanor, Estrella, María y Jesús le correspondieron el amable gesto. Ellos buscarían a Cihuatl a su regreso, pero jamás ocurrió ese amigable reencuentro.    
ESTRELLA ¡Adiós, Cihuatl! ¡Espero verla pronto!
CIHUATL IUKAYOTL (ALEGRE) ¡Adiós, Nicanor! ¡Adiós, Estrella! ¡Adiós, María! ¡Adiós, Jesús! Suerte en su viaje.
NARRADOR Nicanor y su familia emprendieron su viaje a la Ciudad de México. Un día después, el once de diciembre de 1881, México grabó en su historia la llegada de la industria energética. Gracias al establecimiento de una planta de luz, se  proporcionó iluminación artificial en minas, residencias y calles de la fastuosa Ciudad de México. Nicanor fue uno de los trabajadores más importantes que ayudó en la construcción de dichas instalaciones, siendo reconocido incluso por el mismo presidente: Porfirio Diaz. Nicanor y su familia fueron de las afortunadas personas que emprendieron el primer viaje en tren de Cuautla a la Ciudad de México. Ese viaje les sirvió para entender la relevancia de ayudar al prójimo, y que sin importar nada, una bondadosa persona siempre estará para ayudarte.

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